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"Quiero ser una conductora como Susana y una vedette como Moria"

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La mujer que hoy despierta las fantasías de los cibernautas -los navegantes de www.gente.com.ar la ubicaron en el segundo lugar, detrás de Pampita, en la encuesta de las más sexy- inició su carrera cuando era una Lolita. Natalia Fava empezó a modelar a los 13 años y a los 16 fue primera princesa en la Fiesta Nacional del Mar. Pero ella quería ser actriz o conductora, por eso estudió periodismo y locución. Y tenía otro sueño: llegar a Buenos Aires. A los 28 años armó su valija y entró a la casa más famosa del país. "A partir de Gran Hermano mi vida cambió. Porque todo el país se emocionó, durmió, desayunó, se enamoró, lloró y hasta se duchó conmigo, acompañándome cada minuto".

Ahora, después de nueve meses, volvió a la tierra que la vio crecer. Porque en Mar del Plata protagoniza en teatro Atrapados por la risa, junto a Sergio Gonal y Juan Acosta. Y también, con otros ex gran hermanos, conduce Sentí el verano, de lunes a viernes a las 14 horas por Telefé.

-¿Qué era de su vida antes de Gran Hermano?
-Había dejado de desfilar y había montado una agencia de organización de eventos. También hacía desfiles para entidades públicas en los más importantes hoteles de esta ciudad.

-¿Cómo llegó a participar en el programa?
-Un día pasé por Canal 8. Había un afiche de un casting para Gran Hermano y pregunté si me podía anotar. Me dijeron que sí, lo hice y al otro día me llamaron para que viajara a Buenos Aires para el casting siguiente. Me gustó porque era una propuesta rara, diferente. Yo me aburro rápido de las cosas. Y a pesar de que tuve que pasar cinco castings, algo me decía que iba a vivir una experiencia inolvidable.

-Y no es para menos, delante de 35 cámaras conoció a Santiago
-En una de las entrevistas previas, una psicóloga me planteó la idea de que quizás conociera a alguien dentro de la casa. A mí me parecía una idea imposible. Pero al tercer día me atraparon los pequeños detalles de Santiago. Después demostramos que nuestro amor no fue un juego ni una estrategia.

por Pablo Procopio
fotos: Christian Beliera
(desde Mar del Plata)
agradecimientos a Bety Boop del Yacht Club Mar del Plata,
Class Life y Kosiuko


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"Tenemos algunos kilos de más, pero ¡miren qué bien distribuidos!"

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Sus medidas hoy exceden los perfectos 90-60-90. El margen no es demasiado amplio pero sí evidente, y se manifiesta en curvas más pronunciadas. Frente a cámaras, Silvina y Natalia se exhiben sin pudores. Generosas y exquisitas. Y saludables, como diría cualquier abuela.

-¿Están lejos de su peso ideal?
Silvina: -No, nuestras medidas de antes están ahí nomás, al alcance de una dieta. Pero para eso hay tiempo
Natalia: -Yo salí de la casa de Gran Hermano con seis kilos de más. De a poco los fui bajando y ahora peleo contra los últimos dos kilitos que me sobran.

-¿Cuáles son sus medidas hoy?
Silvina: -Hace como mil años que no me las tomo (ríe). Te juro que no sé. Serán algunos centímetros de más, un poquito
Natalia: -Si querés, ponenos: gordita-rechoncha-sobrepeso (ríen).
Silvina: -Tenemos algo de más, ¡pero mirá lo bien que se distribuyeron!
Es evidente. Y la producción fotográfica no deja espacio para dudas. Las chicas posan en bikini. Como en sus tiempos de modelos, cuando aún medían aquellos 90-60-90. Pero pulposas.

-¿Tienen complejos con sus cuerpos hoy?
Natalia: -No, ninguno. Ni siquiera cuando tuve seis kilos más El tema es así: o los bajás, o te aceptás como sos y salís lista para matar. Mientras tanto no me voy a poner a llorar porque los jeans no me entran. ¡No! Creo que lo festejo comiendo una tortita.
Silvina: -Todas las mujeres engordamos, es parte de nuestra naturaleza. Pero yo creo que podemos ser sexy sin ser flacas esqueléticas. ¿O no?

Luego de tres cambios de ropa, la conclusión de los caballeros presentes durante la producción fotográfica es contundente. Memoria y balance, entonces: la delantera -la de ambas, claro- hoy se presenta fértil, exuberante. Y, por la cadera, los biquinis contienen algo que pese a la abundancia todavía se presenta "armado" e indiferente a la impiadosa ley de gravedad. "Son dos diosas", repiten los señores.

-Chicas, ¿los muchachos las prefieren con curvas?
Silvina: -Obvio, ¿tenés dudas?
Natalia: -Los chicos nos prefieren con curvas y nosotras apostamos a ese estilo. Y quizás un día formemos el club de las gordis (risas).

-¿Estas "imperfecciones" -por llamarlas de alguna manera- atraen a los hombres?
Natalia: -Claro. Además, ¿quién es perfecto? Nadie.
Silvina: -La gente se ve reflejada en nosotras porque tenemos los mismos defectos que cualquier hijo de vecino. Quizá hoy los hombres nos ven más accesibles o reales que a las modelos, somos como esa chica que vive a la vuelta de la esquina. Yo creo que Gran Hermano terminó con la pantalla fría, que divide a los que están frente a cámaras del público. La gente hoy conoce nuestras vidas: sabe cómo somos cuando nos levantamos, cuáles son nuestros gustos, por qué lloramos El público nos ve como gente normal, con los mismos sentimientos.
Natalia: -Las modelos también son vecinas de alguien, con la diferencia de que la gente conoce sus vidas a través de la pantalla o las revistas, y siempre las vio producidas. Entonces creen que sus vidas son de fantasía, un mundo mágico.
Silvina: -Antes de entrar a la casa yo era modelo, siempre tuve mis cosas (se señala las lolas) y trabajé bien. Hay que seguir con ese estilo: basta de la modelo flaca, porque las chicas toman esa imagen y llegan a enfermarse.
Natalia: -En los tiempos que corren, otra chica que hubiese pasado por lo mismo que Silvina se podría haber desesperado o matado. A la gente le encanta que seamos de carne y hueso, como ellos.

-Fava, miles de cibernautas de GENTE Online la eligieron como la segunda chica más sexy del país, por encima de muchísimas modelos.
Natalia: -Para mí es un halago, una caricia inmensa. Será que tengo algo más que esos dos kilitos de más, ¿no?

Luego de una temporada en la casa de Gran Hermano y algunas horas en la playa de Sentí el verano, Silvina y Natalia ya tienen una definición acabada de los medios de comunicación. "Muchos viven del escándalo. Y si no lo tienen, lo inventan", concuerdan a dúo. Dirán luego que aprendieron lo que ellas llaman "las reglas del juego". Y, por último, Silvina Luna negará su ya comentado romance con un muchacho mexicano -casualmente hermano de Tamir, participante de El Bar 2-: "Sólo somos amigos". E, inmediatamente después, Natalia se presentará como garante de su amiga con otra frase televisiva: "Yo fui testigo", dirá.

-¿Qué es lo más feo que se ha dicho o escrito acerca de ustedes?
Natalia: -Lo peor que se ha dicho de mí salió de la casa y no de los medios, y fue cuando Martín dijo, durante los meses de convivencia, que yo era un gato del Hotel Sheraton
Silvina: -A mí me dieron muchísimo con lo de la gordura, pero yo me mataba de risa cuando lo leía. Me lo tomé re-bien.

-Imagino que no se hizo ningún "rollo"
Silvina: -Rollos, tenía unos cuantos Digamos que no me hacía drama.
Natalia: -Otra cosa bastante brava que dijeron de mí fue que era la novia de Badía. A mí me pareció divertido, pero hay que ver que también involucraban a otra persona.

-¿La televisión las hizo más deseables? ¿La atención de los caballeros hoy en la calle es mayor que la del anonimato?
Silvina: -Sin dudas, pero la diferencia tampoco es tan grande, porque ahora hay muchos chicos que no se nos acercan por vergüenza o porque no se animan.
Natalia: -Yo creo que tenía más éxito antes. Mi caso es distinto porque entré a la casa con una persona, salí con la misma persona, y hoy continúo con la misma relación. Y la gente vio nacer y consolidarse mi relación con Santiago "en vivo". Algunos intentan seducir un poco, te dicen que sos "mona", pero no van más allá.

-Últimamente, las chicas suelen repetir que los hombres son tanto o más histéricos que las mujeres. ¿Están de acuerdo?
Silvina: -Los chicos histeriquean. Mucho-mucho.
Natalia: -Me parece que ahora les gusta hacer el papel de ser los que deciden. Antes, ellos iban al frente a buscar a la que les diera bola. Pero ahora ellos juegan al quiero o no quiero. Las relaciones ya no duran tanto, el histeriqueo masculino está a full.

-¿Qué les dicen los señores en la calle?
Natalia: -La gente nos llena de afecto, muchísimo cariño. Por supuesto que siempre recibimos algunos piropos, divinos.
Silvina: -La verdad es que los chicos son muy respetuosos. Ninguno se desubicó hasta ahora. Nunca me gritaron "¡Gorda!". Pero sí "¡Gordita divina!", que no es lo mismo.



por Jorge Martínez Carricart
fotos: Christian Beliera
asistente: Matías Campaya

REVISTA GENTE